Writing a novel, Part 1 / by Michelle Nicola

My friend Rita suggested that to get started with this project, I just write the story, and not worry about editing for proficiency level. Writing a novel for language learners is somewhat different than writing for native speakers, especially when you’re writing for students in a classroom. The goal for writing a novel for the Spanish classroom is to keep it mostly comprehensible, and sometimes just a touch beyond comprehensibility to challenge students. It should be repetitive, but not boring, make use of cognates (like elephant/elefante), and spark students’ interests.

I asked my 4th period class if they would help me with this project and they agreed. This class was the most invested in the letter exchange with students in Coyolillo, and I valued their input. Over spring break, I re-watched the interview I filmed of Daniela, my first friend from Coyolillo. In the interview, she tells a story about how she learned to love wearing her hair natural, even though in Coyolillo this is still somewhat frowned upon. According to Daniela, straight hair is the preference, and if your hair is not straight, then people will start to talk. One day, Daniela didn’t have time to straighten her hair. She was running late for her dance performance with her dance troupe, AfroBailele. No time to straighten her curls, or pull them into a bun, she danced with her hair free-flowing and natural. Later, she watched a video of herself dancing and realized that her hair danced too. She decided she liked that, and from then on took to wearing her hair natural more often.

I poured all of the poetry, dialogue, blocking, tension-release-tension and various other writing tools from my kit into writing that first draft for my students. (For those of you who speak Spanish, I’ve pasted it below.) After a few hours, I had a decent first draft to present to my review board (aka my students).

We sat in a circle on the floor. I read a chunk of text, and asked students to summarize. I got silence. I got blank faces. I got one student who has already traveled to at least 2 different Spanish-speaking countries start to translate. Oh dear. This is not good, I thought.

I switched tactics. We re-read the first paragraph, but this time I acted it out. I translated a few key words. I started to see glimmers of understanding shining in their eyes. Phew! Maybe we were all clear.

Nope. My students, bless their hearts, wanted to keep going, so we muddled our way through two pages before they asked to stop. So many times while reading I thought to myself, what was I thinking? Why did I write that very complicated sentence with those words that they have no way of knowing yet? After we stopped reading, I gave them a break, and we re-started class with the Plan B lesson I had prepared. This lesson was tried, tested and true to the level of my students.

The next class, I handed my students a half sheet of paper with 5 sentences on it. I am not sure how, but I managed to summarize the whole story about Daniela into 5 simple sentences. I asked students to underline any words they didn’t know, write a summary of what they understood, and tell me what else they wanted to know about Daniela and her story. Lots of students wanted to know how old Daniela is. So, tomorrow, I will hand them a 10 sentence story. These ten sentences elaborate the original five, and include the information students want to know- Daniela tiene 23 años. I am not sure if Sandra Cisneros ever wrote a novel this way, but I’m going to try it and see how it goes.

La historia de Daniela- Versión 1

-¡MAMAAAAAAAAAAAA! Daniela saltó de la cama y otra vez gritó -¡Mamá! ¿Dónde estás? ¿Dónde estás?

-¿Qué pasa, m’ija? Su mamá estaba en la cocina. Secaba sus manos con la toalla, y miró a su hija, con ceño fruncido.

-¡Mami, me levanté tarde! ¿Por qué no me despertaste? ¡Bailamos en 30 minutos!  ¡Mira mi cabello!

Minerva miró el cabello de su hija. Estaba encrespado, salvaje. Con pelo así, la gente iba a decir cosas.

-Bueno, m’ija, rápido. Sientate y te peiño.

-Mami, que no hay tiempo.  Tengo que ir a Casa Coyolillo para los tambores. Y Naidelin todavía no tiene su traje nuevo.  No hay manera, Mami, tengo que llevar el cabello suelto.

Dany se puso su vestido con flores. Agarró su bolso y metió su traje de danza africana dentro. No se miró en el espejo. No había tiempo.

Salió de su casa brincando sobre las piedras en la calle, como hacía cuando era niña. Sentía el olor fragante de la tierra, y su espíritu se calmó un poquito.

Llegó a Casa Coyolillo. Ya estaban ahí Karen, Kelly, Enrique, Gaby . . . ¡todos menos Daniela!

-Dany, ¿dónde estabas? preguntó Karen.  Karen siempre se levantaba temprano. Incluso después de una noche loca de bailar hasta las 4 de la mañana, Karen se levantó a las 7 para limpiar la casa. Su hermana, Kelly, dormía un poquito más pero también se levantaba temprano.

Kelly miró a Daniela y sonrío.  La sonrisa de Kelly era como un sol después de días de lluvia y otra vez Daniela se sintió con calma. -Vamos a maquillarte, Dany, apurate que ya faltan 15 minutos para que bailamos.

Kelly empezó a hacer el maquillaje de Daniela.  Nadie mencionó nada de su pelo natural. Daniela volvió a sentirse incómoda.  ¿Qué diría la gente cuando la veía bailar? ¿Le vería mal? Dany sentía la aceleración de su pulso. Seguro que voy a llevar toda la atención, pensó.  Como sus amigas sabían, a Daniela no siempre le gustaba llevar toda la atención.

Maestra Gaby entró por la puerta. -¡Chicos ya! ¡Nos están esperando! ¡Apurense! Todos agarraron algo- un tambor, una cesta, hasta el más pequeño Josefat agarró unas maracas. Dany agarró un bolso lleno de tela africana y corrió por la puerta.

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En la calle, todo era una fiesta.  La gente comía. La gente bailaba. La gente desfilaba.  Los chicos del grupo Afrobailele tenía que empujar para que la gente le hiciera camino.  Y Dany no podía evitar escuchar el murmullo de la gente.

-¿Quién es esa niña? ¿Acaso que no tiene mamá para peinarse bien?

-¡Oye mujercita! ¿Te olvidaste peinar hoy?

-Mirala, ¡anda como bruja!  

Las carcajadas eran flechas a su corazón.  Tenía ganas de llorar, pero no había tiempo.  Sus amigos de Afrobailele ya estaban subiendo el escenario. Daniela forzó la línea de su boca en sonrisa y subió también.

Tan-ta-ta-ta-ta-ta-ta-TA. Tan-ta-ta-ta-ta-ta-ta-TA.

La música empezó y el ritmo de los tambores llegó a los pies de Daniela.  Llegó a sus piernas. Sintió cómo movían sus caderas, sin tener que pensarlo como respuesta automática a un ritmo que llevaba en su sangre. Dany cerró sus ojos. Su cuerpo empezó a bailar los pasos de Ya Mamá y cuando la música le llegó a su corazón los malos comentarios de la gente parecían muy, pero muy lejos.

Esta vez, bailaron tres ritmos: Ya Mamá, OTRO y OTRO.  Al principio la gente del pueblo no les ponía mucha atención, pero después acumularon personas en el patio social.

Afrobailele era una comparsa, un grupo de chicos y chicas que practicaban la danza africana todas las semanas, 2 horas o más.  

Afrobailele existía porque Dany, Karen, y Kelly tenían la idea de hacer algo para carnaval. No fue fácil. Muchas semanas los chicos no venía a clase.  Otras semanas no había dónde practicar. Pero después de 2 años formaron un grupo de unos 20 chicos fieles. Iban a diferentes pueblos a bailar. Ya no sólo eran una comparsa, eran una familia.

La música terminó y la gente aplaudía. Daniela sonrió. Amaba la danza.  Amaba con locura la danza. Cuando bailaba, sentía que volaba. Cuando bailaba, sentía libre.

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Al día siguiente, Bárbara y Enrique vinieron a la casa de Daniela.

-¡Dany! ¡Bárbara y Enrique están aquí! gritó su hermano, Elviss.  

-¡Ya voy!

Dany entró en el salón donde estaban sus amigos sentada en el sofá.  Dany agarró su pelo y lo puso en un rodete. Llevaba puesto su vestido color lila porque hoy no tocaba bailar y quería llevar el vestido que lo había mandado su papá.

-¡Hola Dany! Bárbara se levantó del sofá para abrazar a su amiga y darle un beso en la mejilla. -¿Quieres ver el video de la danza de ayer?

-¡Ay no! No tuve tiempo de peinarme.  Mi cabello estaba loco. Daniela cubrió su cara con la mano.

-Bueno, pues, Dany, el pelo no lo es todo. ¡Bailaste súper bien!  Y personalmente a mí me gusta cuando lo llevas así, natural., dijo Enrique.

Dany se sentó en el sofá al lado de su amiga.  Bárbara sacó el teléfono y empezó el video.

Tan-ta-ta-ta . . . al sólo escuchar la música y Daniela sentía feliz.  Miró el video con ojos absortos. Miró como su cuerpo movía con gracia y también con un aire de poder, de ser una mujer empoderada. Miró su cabello y se quedó boquiabierta. Su cabello . . . . ¿bailaba?

-¡Bárbara, Enrique miren! Mi cabello baila. ¡No puede ser! ¡Guau! ¡Qué hermoso!

Bárbara asintió con la cabeza. -Te dije que ibas a gustar el video. ¡Mira qué hermosa te ves!

Enrique se levantó y se acercó a Daniela. -¿Me permites? le preguntó, señalado con su cabeza al cabello de Daniela.

-Sí. Dany se dio la vuelta para que Enrique pudiera sacar la goma que tenía su pelo en el rodete.

-¡Pero qué pelo más voluptuoso, más abundante, más hermoso, por favor! Enrique sacudía el pelo de Daniela hasta que ocupaba un espacio tremendo alrededor de su cabeza.  Lo agarró todo con sus dos manos y lo ató en una cola, pero una cola que más bien parecía una corona.

-Ve a verte en el espejo, a ver si te gusta.

Dany se levantó y se fue al espejo.  Cuando se miró, sonrió. Sacudió su cabeza y su pelo bailó. Su pelo brincó. Era feliz. Pensó que sí era verdad que cuando entró en el patio social hoy, sí iba a llevar toda la atención. Pero llevar la atención no era cuestión de cabello, sino de su esencia. Se miró una vez más en el espejo y sonrío.

-Oye, amigos, que ya vamos, no? Es que ese cabello mío tiene ganas de fiesta hoy.